Hondalea

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La aventura que iniciamos hace unos años ha visto la luz. Una aventura que tuvo como inicio el sueño de una donostiarra, Cristina Iglesias.

Cuando Cristina comenzó a imaginar el lugar de la ciudad que tanto ama en el que realizaría una intervención escultórica, analizó múltiples lugares y txokos. Y en ese momento llegó un momento de inspiración que sólo los grandes artístas suelen tener: su intervención se realizaría en la isla.

He de reconocer que en algún momento de esta maravillosa aventura yo mismo he pensado: “pero quién me ha mandado meterme en esto”. Porque a lo largo de estos años ha habido momentos difíciles, obstáculos y problemas que ha habido que sortear. Pero por encima de esos momentos, siempre flotaba una intuición, un sentimiento de que en este proyecto había algo especial, difícil de concretar con las palabras y argumentos habituales.

HONDALEA es muchas cosas. Representa la apuesta que nuestra ciudad, Donostia, hace por la cultura y el arte como seña de identidad de lo que somos y de lo que queremos ser.

Y es también una obra de una artista en un gran momento de inspiración y creación, con una madurez artística y personal que le ha permitido dirigir y liderar un proyecto en el que han participado muchas personas dando lo mejor de sí mismas.

Quiero tener en este punto un recuerdo especial para Haritz Galarraga, una persona que trabajó en este proyecto y que desafortunadamente no está hoy aquí para verlo concluido.

HONDALEA tiene que ver con los sueños, con las percepciones, con la memoria del mar y de la naturaleza. Con la memoria de quienes, antes que nosotros, han habitado esta isla en mitad de la bahía: desde los monjes que abrieron un convento, o los enfermos de lepra que eran aislados aquí, hasta José Manuel Andoin, el último farero, y su madre, María Torralbo, que habitaron esta casa hasta 1968.

HONDALEAK han revivido también una palabra que teníamos olvidada en nuestra lengua, el euskara. En ese sentido, también ha hecho un ejercicio de memoria, de memoria de nuestra lengua.

A partir de ahora no podremos imaginar Donostia sin la experiencia que ofrece HONDALEA. En ese aspecto, enriquecerá tanto a la ciudad como a todas aquellas personas que acudan a visitarnos.

Cristina: a través del bronce, el alabastro, el vacío, las formas rocosas, el agua y el sonido del mar, has creado algo único. Algo que sólo se va a poder ver y disfrutar aquí: en la Isla de Santa Clara, en Donostia. En tu ciudad.

Más fotografías: https://flic.kr/s/aHsmVSqAQJ